1 julio, 2013 Referentes 488 vistas

CHOQUES

Por Aldo Etchegoyen

Hay choques de autos, trenes, ómnibus y ocasionalmente de barcos o aviones. Chocar es una experiencia frustrante, corta nuestros planes, nos complica la vida y otras consecuencias que pueden ser muy graves. Hay diversidad de choques como de la policía con manifestantes o hinchas de fúlbol entre si.

También hay choque de culturas como el que vivimos actualmente en muchas zonas de nuestro país.
Por un lado la  cultura capitalista, por otro la cultura indígena.

La  primera con su énfasis en el individualismo, la competencia, el afán del lucro con su hermano el consumismo, la ciega competencia, el constante crecimiento industrial que nos lleva a la contaminación ambiental, la falta de respeto a los bienes naturales, la búsqueda de todo tipo de poder  y tantas cosas más, entre ellas la propiedad privada.

La segunda, cultura indígena, muy diferente, con su fuerte sentido fraterno que llega hasta la propiedad comunitaria. El respeto a la tierra, el aire, el agua, la flora, la fauna; en suma los derechos de la creación de la cual la persona forma parte. Sabia y pacífica cultura  que valora  las personas ancianas y sus consejos, que cuida su territorio donde trabaja, siembra, recoge los frutos, pesca, caza, donde se ha nacido y sabe que morirá para unirse con sus antepasados.  Sabiduría que nos dice “Ustedes tienen el reloj, nosotros el tiempo” “Hay que parar el cuerpo para que el alma lo alcance”, buen consejo para el apuro en las ciudades donde la gente vive  constantemente acelerada.

Dos culturas que, lamentablemente chocan en nuestro país ¿consecuencias? muchas y graves, especialmente para la más débil, la indígena. Choque que ha sido motivo de reclamos de organismos internacionales pidiendo un cambio a esta situación.

Hablamos con frecuencia de la siembra de soja en constante  avance, gran negocio agropecuario. Junto a esto los proyectos de explotación minera y petrolera, en menor medida los nuevos emprendimientos inmobiliarios especialmente turísticos. Todos relacionados con buen dinero.

Para ello la necesidad de más y más territorio como lugar necesario para producir y ganar, ganar, ganar.

Quienes viven en esos lugares? los Pueblos Qom, Wichis, Mapuches, Mocoví, Guaraní, Kollas, Chane, Aymaras, Pilaga, Pampas y muchos más que hacen un total entre ochocientos mil a un millón de personas.

Un testimonio entre muchísimos más dice “Yo me fui a cuidar los animales y mi hija estaba en casa haciendo la comida. Mi hija sintió la topadora muy cerquita y salió disparada a buscarme porque estaban destrozando el rancho, me vino a buscar y, cuando volvimos ya no había nada, era un desastre total, son imágenes que no se me van a borrar, salir y que esté todo, llegar y que no haya nada. No teníamos teléfono para avisar, mi hija fue a buscar ayuda, había en el corral chivitos muertos, los había aplastado la topadora.” Podría citar muchos relatos similares.

La frontera sojera, minera y petrolera avanza bajo la dirección de poderosos terratenientes y grandes empresas que cuentan con la complicidad de funcionarios judiciales, políticos, gobernantes y policías. En ese avance, mucho sufrimiento, cementerios destruidos, primero ellos por ser la prueba de presencia ancestral de las comunidades indígenas en ese lugar, ranchos, enceres de trabajo, documentos quemados como sucedió con 17 viviendas Qom el 23 de noviembre del 2010 en la Colonia Primavera en Formosa a causa de la represión policial además de mucho dolor por seres queridos muertos, heridos, amenazados o perseguidos.

Un dirigente  de la Comunidad Wichi en las cercanías de Las Lomitas en Formosa decía “no nos vamos a ir, cadáver nos van a sacar”.

Al ser desalojadas sea por orden judicial en base a títulos de muy dudosa legalidad o bien por la presión de grupos armados incluso con participación policial que presionan a las comunidades hasta lograr su expulsión, muchas de ellas quedan en el desamparo total viviendo a orilla de las carreteras y sin ningún tipo de protección.

No me resulta fácil escribir esto, todo lo contrario, pero ninguna persona de buen corazón puede ignorar esta realidad que hiere nuestra democracia que costó tanto conseguir.

Choque de culturas que muestra por un lado lo que pueden llegar a ser y hacer quienes  son movidos por ciegos intereses y por otro lado la resistencia pacífica de pueblos que han estado en estas tierras desde miles de años atrás, mucho antes de que existiera el Estado, la Nación y la “civilización” actual.

Muchos luchan para que esto cambie y se abran  paso verdaderos valores humanos pero este cambio no sólo corresponde a ellos  sino a toda la sociedad.

 

Aldo M. Etchegoyen
Obispo (e) Iglesia Metodista Argentina
Co-Presidente APDH
Junio 2013

 

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